Hay un color ausente en toda caja de colores. Tampoco lo he encontrado en las plastilinas ni en los crayones. Es el Azul Providencia.
Es ese azul que surge del mar, de la sal, de la brisa, de la paz, de la intemporalidad que se percibe en el lento vivir de los habitantes de ésta bella isla caribeña. Un azul que tiñe y destiñe todo a su paso.
No es cualquier azul.
En aguas abiertas es concentrado, misterioso, azul esencia. Proviene en último término de ese azul cobalto del abismo, del fondo impenetrable, del océano prohibido. Lo portan en sus metálicas escamas los Chromis, los peces cirujano, las esponjas. Con sus danzas particulares, estos duendes del arrecife ceden su color al mar, allí se diluye y asciende en remolinos a la superficie. Tiñe la dorada arena de fondos intermedios en una hipnotizante tonalidad azul turqueza.
Cerca a la costa, en aguas mas someras , al ritmo de las olas pierde fuerza, se torna cálido, calmo, azul aguamarina.Finalmente en la playa , el sol y el calor sofocante del medio día lo evaporan, y la brisa de la tarde se encarga de esparcirlo tierra adentro impregnando los botes de los pescadores, los trasmayos, las fachadas de las casas, los balcones.


